Cómo perdonarse a sí mismo: seguir adelante después de los errores en las relaciones

Hiciste algo en una relación de lo que no estás orgulloso. Quizás lastimes a alguien. Quizás terminaste algo mal. Quizás te quedaste demasiado tiempo y causaste daños. Tal vez traicionaste una confianza, le fallaste a alguien que te necesitaba o simplemente actuaste desde lo peor de ti en un momento importante.

La vergüenza y la culpa que siguen pueden ser tan dañinas como cualquier cosa que haya sucedido y pueden impedirle aprender lo que la situación realmente tiene para enseñarle. El perdón a uno mismo no se trata de absolución o de pretender que algo no sucedió. Se trata de poder llevar tu historia completa, incluidas las partes de las que no estás orgulloso, sin dejar que esas partes colapsen tu sentido de quién eres y quién puedes ser.

La diferencia entre culpa y vergüenza

La culpa dice: "Hice algo malo". La vergüenza dice: "Soy malo". Esta distinción es muy importante para lo que viene a continuación.

La culpa, en forma saludable, es útil. Señala una acción que violó sus valores, motiva la reparación cuando sea posible e informa cómo desea comportarse en el futuro. La culpa tiene que ver con el comportamiento: tiene un objeto específico y una resolución potencial.

La vergüenza tiene que ver con uno mismo. Produce parálisis, ocultamiento y actitud defensiva en lugar de cambio, porque cuando crees que eres fundamentalmente defectuoso, no hay nada que hacer excepto sufrir o negar. La vergüenza rara vez produce un aprendizaje genuino. Produce autoprotección.

Aprender a perdonarte a ti mismo requiere pasar de la vergüenza a una forma más honesta de culpa: algo que hiciste estuvo mal, tuvo un impacto real, eres responsable de ello y no define todo tu valor como persona. Esto suena sencillo. En la práctica, especialmente para las personas que ya se exigen altos estándares, es uno de los trabajos internos más duros que existen.

Por qué es difícil perdonarse a uno mismo

Hay algunas cosas que tienden a hacerlo particularmente difícil:

Confundir culpa con penitencia. Existe una creencia implícita, a menudo no consciente, de que el sufrimiento continuo es el precio apropiado por las malas acciones. Ese sentimiento de mal tiempo y profundidad es, en cierto sentido, lo que te debes. Esta creencia mantiene a las personas atrapadas en el autocastigo mucho después de haber realizado cualquier trabajo útil a partir de la culpa.

Miedo a que perdonar signifique minimizar. Perdonarte a ti mismo puede hacerte sentir como si te estuvieras liberando del apuro, disculpando lo que hiciste o faltándole el respeto a la persona a la que lastimaste. Este es un malentendido de lo que realmente es el perdón a uno mismo. El perdón genuino a uno mismo requiere primero asumir toda la responsabilidad. Ocurre después de una contabilidad honesta, no en lugar de ella.

La identidad colapsa en el error. "Yo soy la persona que hizo eso". Cuando un error se vuelve definitorio (cuando deja de ser algo que usted cometió y comienza a ser quien es), no hay nada que perdonar, porque no hay nada de qué separarse. No puedes perdonarte por ser tú mismo. Este es uno de los lugares más paralizantes y uno de los más importantes de los que salir.

Daño continuo a la otra persona. Cuando la persona a la que lastimaste todavía está sufriendo, o cuando todavía estás en contacto con ella, o cuando las consecuencias de lo que hiciste aún se están manifestando, el perdón a uno mismo puede parecer prematuro o incluso insensible. Vale la pena considerar esto: hay circunstancias en las que seguir adelante es realmente complicado debido al impacto continuo en el mundo real. Pero sufrir indefinidamente no repara el daño. En algún momento, esto sólo aumenta la situación.

Asumir una responsabilidad genuina

Perdonarse a uno mismo no significa evitar la responsabilidad. En realidad, requiere una responsabilidad genuina: reconocer lo que sucedió claramente, sin minimizarlo, desviarlo o ahogarse en ello. ¿Qué hiciste específicamente? ¿Cuál fue el impacto? ¿Qué lo impulsó?

La contabilidad honesta no es un autocastigo: es la base necesaria para un perdón genuino a uno mismo. No puedes perdonar algo que no has visto claramente. La tentación es inflarlo (haciéndolo peor de lo que era, en una actuación de contrición) o minimizarlo (explicándolo con contexto hasta que no quede nada de qué asumir la responsabilidad). Tampoco te sirve.

Para qué te sirve: una cuenta clara, específica, que ni suma ni resta. Yo hice esto. Tuvo este efecto. Entiendo lo que llevó a esto. Esa es la base sobre la que se construye todo lo demás.

Realizar reparaciones donde sea posible

Cuando la reparación es posible y apropiada (un reconocimiento honesto, una disculpa que no pide nada a cambio, una acción que aborde el daño que usted causó), haga que importe. No por el alivio de ser perdonado, y no si llegar a él causaría más daño que bien. Pero cuando es posible una reparación genuina, la culpa que impulsó la acción es más difícil de perdonar cuando no se ha hecho nada al respecto.

La frase clave es